La red de agua potable en la ciudad de Córdoba tiene más de 5.000 kilómetros de extensión. Para dimensionar esta escala, la distancia es mayor a la equivalente a trazar una línea recta entre Ushuaia y Brasilia. En una infraestructura de semejante magnitud la aparición de fugas es un desafío constante.
Identificar y reparar estas pérdidas es una de las prioridades operativas de Aguas Cordobesas. Si bien muchas de estas fugas son evidentes en la vía pública y los vecinos colaboran activamente dando aviso, el sistema presenta un reto técnico mucho mayor: las fugas invisibles.

¿Cómo se encuentra lo que no se ve?
La solución técnica se basa en el sonido. La unidad emplea tecnología de geofonía y correlación acústica que funciona, en términos prácticos, como un “estetoscopio gigante”. Mediante estos sensores de alta sensibilidad, los técnicos rastrean las vibraciones que emite el agua al generarse un escape en las instalaciones.
De todas formas, la tecnología no trabaja sola. En esta labor de precisión, la experiencia técnica, el conocimiento de la red y el oído entrenado de los profesionales juegan un rol clave para poder aislar el sonido de la fuga del ruido habitual que tiene una ciudad.
El trabajo cotidiano de Aguas Cordobesas, muchas veces silencioso e invisible, cumple la doble misión de proteger el recurso y garantizar el correcto funcionamiento del servicio. Continuamos trabajando y haciendo del futuro, nuestro compromiso.



























